TAP,TAP,TAP,TAP,TAP,TAP....
DALE! DAAALEEEEE MÁS RÁPIDO!!!
Menudo despliegue físico el que estaban derrochando esos chavales, ¿para que tanto jaleo? Pues para darles cada uno a uno de los botones que hacían subir la velocidad del atleta que corría como un desesperado detrás de un negro que le llevaba ventaja. Era una carrera, ¡ olímpica !
Así vi por vez primera la máquina del track and field. Era uno de esos juegos que suelen verse dentro de su máquina original, así pues los dibujos de los vinilos suelen bastante sugerentes y consiguen atraer nuestra curiosidad como posesos. Allí estaban los monigotes corriendo al ritmo de los golpes que los chavales daban a los botones.
Me vicié alguna vez. Pero era un juego complicado, pues perder era demasiado fácil. La primera pantalla estaba chupada, solo darle alternativamente a dos botones pero, ¿y la siguiente? Salto de longitud. Se dispara el monigote impulsado por tu histérico ritmo, y precisamente por esa velocidad apenas te deja tiempo para pulsar el botón que hay en medio para, justo antes de tocar la línea, hacerlo saltar y conseguir una buena marca. De tres intentos, uno te pasabas, otro te quedabas corto, y el último descubrías que había que dejar pulsado el botón para hacer subir el grado de inclinación. ¿cual poner? 45, pero eso lo averiguabas porque alguien te lo soplaba.
El resultado fue un juego muy conseguido, de los fabulosos creadores de KONAMI, pero con un rendimiento moneda/partida que a mi personalmente no me convencía para nada.
Hoy le demostré a la chica ochentera quién es el verdadero atleta... jejejeje.


DALE! DAAALEEEEE MÁS RÁPIDO!!!
Menudo despliegue físico el que estaban derrochando esos chavales, ¿para que tanto jaleo? Pues para darles cada uno a uno de los botones que hacían subir la velocidad del atleta que corría como un desesperado detrás de un negro que le llevaba ventaja. Era una carrera, ¡ olímpica !
Así vi por vez primera la máquina del track and field. Era uno de esos juegos que suelen verse dentro de su máquina original, así pues los dibujos de los vinilos suelen bastante sugerentes y consiguen atraer nuestra curiosidad como posesos. Allí estaban los monigotes corriendo al ritmo de los golpes que los chavales daban a los botones.
Me vicié alguna vez. Pero era un juego complicado, pues perder era demasiado fácil. La primera pantalla estaba chupada, solo darle alternativamente a dos botones pero, ¿y la siguiente? Salto de longitud. Se dispara el monigote impulsado por tu histérico ritmo, y precisamente por esa velocidad apenas te deja tiempo para pulsar el botón que hay en medio para, justo antes de tocar la línea, hacerlo saltar y conseguir una buena marca. De tres intentos, uno te pasabas, otro te quedabas corto, y el último descubrías que había que dejar pulsado el botón para hacer subir el grado de inclinación. ¿cual poner? 45, pero eso lo averiguabas porque alguien te lo soplaba.
El resultado fue un juego muy conseguido, de los fabulosos creadores de KONAMI, pero con un rendimiento moneda/partida que a mi personalmente no me convencía para nada.
Hoy le demostré a la chica ochentera quién es el verdadero atleta... jejejeje.







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