Yo alucinaba.
Cuando entraba en el salón recreativo y veía como el "marcianito" tenía una banderita con el número diez, no acababa de creerlo. Ya me parecía fantástico que las naves amarillas se fugasen a la siguiente oleada de naves, y apareciera allí, rompiendo la simetría y lo acostumbrado. Me parecía asombroso... pero esa banderita con el número diez, hostias. Eso sí que era increíble, era como una medalla con distintivo rojo. Claro que, por algo le llamaban el "marcianito" a este chaval. Era un portento. No me lo propuse, porque sabía que yo nunca lo conseguiría, por mucho que jugase.
Hasta hoy.
Cuando entraba en el salón recreativo y veía como el "marcianito" tenía una banderita con el número diez, no acababa de creerlo. Ya me parecía fantástico que las naves amarillas se fugasen a la siguiente oleada de naves, y apareciera allí, rompiendo la simetría y lo acostumbrado. Me parecía asombroso... pero esa banderita con el número diez, hostias. Eso sí que era increíble, era como una medalla con distintivo rojo. Claro que, por algo le llamaban el "marcianito" a este chaval. Era un portento. No me lo propuse, porque sabía que yo nunca lo conseguiría, por mucho que jugase.
Hasta hoy.

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