sábado, 1 de septiembre de 2012

Ghosts´n Goblins

Entré en el bar sin prestar mucha atención, no tenía mayor interés por estar allí. Había acompañado a un amigo sin mayor pretensión que la de pasar la tarde, como tantas otras, en su compañía. Así que solo tengo el recuerdo del olor a fritanga que suele haber en los bares con buenas tapas de pescado, pero que no gastan mucho en extractores de aire.

Con esas sensaciones mismas estaba yo, cuando entre las maderas del local y una situación de semipenumbra, lo vi por vez primera. Mejor dicho, lo escuché, porque en la pantalla apenas si se veía un muñequito pequeño con aspecto indefenso y semidesnudo. Pero la música... ahhh, la música amigo... parecía el comienzo de la fuga en Re menor de Mozart, algo apoteosico que anunciaba el comienzo de algo, que aunque no sabía el qué ya me estaba seduciendo de forma irremediable. Así, de forma paulatina, alrededor del esmirriado muñecajo comenzaban a resurgir colores y formas creando nada menos que un cementerio en mitad de la noche. La música, la armadura que ahora llevaba el protagonista, el cementerio, la noche, los zombis, el olor a calamares fritos... el hechizo hizo su efecto.

Pasó bastante tiempo hasta que yo jugué como protagonista. Y es que era el único bar que tenía este juego, y yo nunca tuve un presupuesto muy alto. Así que una cosa más la otra, decidió que yo pasase mi adolescencia sin poder reventar al susodicho, pero me corten la mano si no asistí embelesado a centenares de partidas, como paciente espectador.

Luego con más edad, se hizo más frecuente en todos los bares y recreativos, y también aumentó mi presupuesto de ocio. Pero como espectador no vi más allá de la cuarta, y como jugador no más de la tercera.

Hasta ahora.



Existen técnicas para todos los enemigos, claro está. Los más peligrosos para mi son los diablos rojos que esperan como en trance, y que resultan impredecibles a todas todas. Es importante saber que con tres disparos mueren, así que cuando se le ha dado dos no es descabellado lanzarse a por él. Aprendí que, nada más llegar, es posible hacer una especie de ritual acercándote suavemente, apenas dando golpecitos minusculos al mando, de forma que Sir Alfred (el prota), no lleva a dar un paso físicamente, pero se desplaza. En cuanto el bicho se despierta, hay que esperar a que haga una especie de vaiven para luego dirigirse directamente hacia nosotros, y es ahí cuando apenas queda nada para tocarnos, cuando debemos de hacer el disparo superrápido. Esto se consigue avanzando con los golpecitos, y disparando al mismo tiempo lo más rápido posible. Sorprendentemente el prota dispara mucho más rápido de esa forma, y lo fulminaremos. Esto es a veces, porque como es impredecible puede no hacer lo que esperamos. Y ya me he cansado de escribir sobre tácticas.

El juego hay que acabarlo con el escudo o el crucifijo, depende de la versión que salga una u otra arma. Y una vez lo acabemos, nos mandará de nuevo al principio para pasarlo otra vez, pero con la dificultad más alta. Solo entonces podremos rescatar a la moza.













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