jueves, 6 de septiembre de 2012

Kun Fu Master

Otra que tal baila.

Directo al horno. Como mucho me habría llegado yo a las mariposas, y es que el jueguecito tiene su que. Además, los enemigos finales tienen truco, y nadie te lo dice. El último si que es difícil, tienes que esperar a que golpeé para contraatacar, algo inusual porque este juego es de los de partir el botón de la máquina a golpes.







Otra muesca a la culata.










Green Beret

Rápido, sin necesidad de pensar mucho... saca el cuchillo y destripa a todo el que se mueva !

Este tipo de juegos van bien para el cerebro, ayudan a liberar el estrés. No tienes que pensar mucho: llevas a un boina verde cuyo objetivo es el de llegar al final de las misiones avanzando hacia la derecha, mientras un lote de enemigos le va haciendo frente. Unos saltan, otros disparan... hay minas, hay lanzagranadas... nada nuevo en la vida del boina verde.

Por un lado estás viendo como se te abalanzan, y decides si eliminarlos o esquivarlos subiendo o bajando escaleras. Tú mismo, ahí está el quiz. La cosa se pone difícil en la última pantalla; los enemigos te salen como setas, y es necesario actuar de forma no frecuente para seguir adelante.

Pero no hay más, así que esa espinita que teníamos pendiente... ZAS.






 El próximo KunFu Master, me lo ha recordado por el estilo de juego.













domingo, 2 de septiembre de 2012

Track & Field

TAP,TAP,TAP,TAP,TAP,TAP....

DALE! DAAALEEEEE MÁS RÁPIDO!!!

Menudo despliegue físico el que estaban derrochando esos chavales, ¿para que tanto jaleo? Pues para darles cada uno a uno de los botones que hacían subir la velocidad del atleta que corría como un desesperado detrás de un negro que le llevaba ventaja. Era una carrera, ¡ olímpica !

Así vi por vez primera la máquina del track and field. Era uno de esos juegos que suelen verse dentro de su máquina original, así pues los dibujos de los vinilos suelen bastante sugerentes y consiguen atraer nuestra curiosidad como posesos. Allí estaban los monigotes corriendo al ritmo de los golpes que los chavales daban a los botones.

Me vicié alguna vez. Pero era un juego complicado, pues perder era demasiado fácil. La primera pantalla estaba chupada, solo darle alternativamente a dos botones pero, ¿y la siguiente? Salto de longitud. Se dispara el monigote impulsado por tu histérico ritmo, y precisamente por esa velocidad apenas te deja tiempo para pulsar el botón que hay en medio para, justo antes de tocar la línea, hacerlo saltar y conseguir una buena marca. De tres intentos, uno te pasabas, otro te quedabas corto, y el último descubrías que había que dejar pulsado el botón para hacer subir el grado de inclinación. ¿cual poner? 45, pero eso lo averiguabas porque alguien te lo soplaba.

El resultado fue un juego muy conseguido, de los fabulosos creadores de KONAMI, pero con un rendimiento moneda/partida que a mi personalmente no me convencía para nada.



Hoy le demostré a la chica ochentera quién es el verdadero atleta... jejejeje.











sábado, 1 de septiembre de 2012

Ghosts´n Goblins

Entré en el bar sin prestar mucha atención, no tenía mayor interés por estar allí. Había acompañado a un amigo sin mayor pretensión que la de pasar la tarde, como tantas otras, en su compañía. Así que solo tengo el recuerdo del olor a fritanga que suele haber en los bares con buenas tapas de pescado, pero que no gastan mucho en extractores de aire.

Con esas sensaciones mismas estaba yo, cuando entre las maderas del local y una situación de semipenumbra, lo vi por vez primera. Mejor dicho, lo escuché, porque en la pantalla apenas si se veía un muñequito pequeño con aspecto indefenso y semidesnudo. Pero la música... ahhh, la música amigo... parecía el comienzo de la fuga en Re menor de Mozart, algo apoteosico que anunciaba el comienzo de algo, que aunque no sabía el qué ya me estaba seduciendo de forma irremediable. Así, de forma paulatina, alrededor del esmirriado muñecajo comenzaban a resurgir colores y formas creando nada menos que un cementerio en mitad de la noche. La música, la armadura que ahora llevaba el protagonista, el cementerio, la noche, los zombis, el olor a calamares fritos... el hechizo hizo su efecto.

Pasó bastante tiempo hasta que yo jugué como protagonista. Y es que era el único bar que tenía este juego, y yo nunca tuve un presupuesto muy alto. Así que una cosa más la otra, decidió que yo pasase mi adolescencia sin poder reventar al susodicho, pero me corten la mano si no asistí embelesado a centenares de partidas, como paciente espectador.

Luego con más edad, se hizo más frecuente en todos los bares y recreativos, y también aumentó mi presupuesto de ocio. Pero como espectador no vi más allá de la cuarta, y como jugador no más de la tercera.

Hasta ahora.



Existen técnicas para todos los enemigos, claro está. Los más peligrosos para mi son los diablos rojos que esperan como en trance, y que resultan impredecibles a todas todas. Es importante saber que con tres disparos mueren, así que cuando se le ha dado dos no es descabellado lanzarse a por él. Aprendí que, nada más llegar, es posible hacer una especie de ritual acercándote suavemente, apenas dando golpecitos minusculos al mando, de forma que Sir Alfred (el prota), no lleva a dar un paso físicamente, pero se desplaza. En cuanto el bicho se despierta, hay que esperar a que haga una especie de vaiven para luego dirigirse directamente hacia nosotros, y es ahí cuando apenas queda nada para tocarnos, cuando debemos de hacer el disparo superrápido. Esto se consigue avanzando con los golpecitos, y disparando al mismo tiempo lo más rápido posible. Sorprendentemente el prota dispara mucho más rápido de esa forma, y lo fulminaremos. Esto es a veces, porque como es impredecible puede no hacer lo que esperamos. Y ya me he cansado de escribir sobre tácticas.

El juego hay que acabarlo con el escudo o el crucifijo, depende de la versión que salga una u otra arma. Y una vez lo acabemos, nos mandará de nuevo al principio para pasarlo otra vez, pero con la dificultad más alta. Solo entonces podremos rescatar a la moza.













Galaxian

Yo alucinaba.

Cuando entraba en el salón recreativo y veía como el "marcianito" tenía una banderita con el número diez, no acababa de creerlo. Ya me parecía fantástico que las naves amarillas se fugasen a la siguiente oleada de naves, y apareciera allí, rompiendo la simetría y lo acostumbrado. Me parecía asombroso... pero esa banderita con el número diez, hostias. Eso sí que era increíble, era como una medalla con distintivo rojo. Claro que, por algo le llamaban el "marcianito" a este chaval. Era un portento. No me lo propuse, porque sabía que yo nunca lo conseguiría, por mucho que jugase.

Hasta hoy.





The king of dragons

... entretenido? Puede, en su día seguramente sí. Factible llegar lejos con una partida, cada enemigo tiene una táctica fácil de encontrar, normalmente esquivando su zona de ataque y entrando por un flanco, alejándose inmediatamente.

Podemos elegir entre varios enemigos, y seduce la introducción de elementos RPG, pero de forma muy tímida: nivel de personaje, de arma y de escudo, que sube conforme vamos adquiriendo experiencia. Se permite cambiar de personaje en varios puntos del juego, así que lo considero completo en muchos aspectos.

En su día me sedujo, sobre todo el nivel gráfico. Pero me recuerda a otro que creo es mucho mejor, aunque todavía no lo he localizado.

Pero lo encontraré.