viernes, 31 de agosto de 2012

The Newzealand History

La música y los gráficos tan coloridos me sedujeron en cuanto lo vi. Pero no era un juego fácil, el pequeño kiwi no está preparado para la lucha, y cualquiera de sus enemigos le pega mil patadas. Aún así, te seduce la velocidad con la que dispara las flechas, y te animas a pulsar el botón repetidas veces de forma convulsiva. Cuando quieres darte cuenta, estás enfrascado en la tercera pantalla, y la adicción es un hecho.

 Pero nunca jugué lo suficiente como para pasar de ahí, aunque me gustaba, creo que es un juego bastante difícil.

Hoy lo reventé, uno menos.








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